Celebramos con lo que se conoce como " fanfic o historia imaginaria", con una FOTOGALERIA inedita de nuestras Miembros presentamos “ENCUENTRO CASUAL” escrita por Luz Álvarez y, que... disfrutenla!!!
PRIMER CAPITULO
Jaime había salido temprano de su casa. Tenía una cita importante y no quiso llegar tarde. Sólo tomo un vaso de jugo, se alistó con ropa casual y salió. Aún contando con un poco más de tiempo hubiera hecho lo mismo pues se encontraba ansioso por saber el resultado de esa reunión. Su comportamiento era lógico teniendo en cuenta que se trataría de un tema trascendental en su vida. Terminada la reunión se subió a su auto con dirección a su casa. Había empezado el día con mucha ilusión, ahora se encontraba frustrado, molesto. El plan propuesto para promover su disco no le había satisfecho del todo, no le parecía suficiente.
• Las cosas no han salido tan mal, pero es mi primer disco, quiero que todo sea perfecto. Necesito pensar que hacer. Definitivamente necesito un café.
El café, además de producirle los efectos naturales energizantes de la cafeína, le recordaba a su madre, lo ponía en contacto con toda su herencia materna, con los aromas, emociones y colores de Brasil. Por eso su urgencia de acompañar sus pensamientos con su bebida predilecta. Giró el volante, cambió el rumbo hacia un Starbucks que era parte de un centro comercial. No era el local al que acostumbraba ir regularmente, pero sí el más cercano. Para mala suerte de él, fue atendido por un chico un poco torpe que además se encontraba nervioso por ser su primer día de trabajo. Tuvo que repetirle su orden tres veces. Su pedido demoró en salir, e inclusive estaba seguro que una pareja, que llegó después que él, fue atendida primero.
• Esto es el colmo, me pasa por venir a un local que no conozco. No hay duda no es mi día… Se levantó enojado, se acercó al mostrador con la intención de cancelar su orden y salir, claro previa queja por la mala atención. En ese instante por fin salía su café. Estaba tan molesto, que le quitó el café de las manos al chico sin decirle ni una palabra y se dio vuelta con dirección a su mesa. Jaime había pensado momentos antes: “no es mi día”, en parte había acertado, no era su mañana. Al girar chocó contra una joven clienta, derramando todo el líquido.
• ¡Lo que faltaba! ¿CÓMO NO TE FIJAS?- le recriminó en tono fuerte a la joven.
• ¿Yo? Eres tú el que ha volteado con fuerza de un momento a otro. ¡MIRA CÓMO ME HAS DEJADO!- su voz fue elevándose hasta alcanzar el tono utilizado por él. Jaime la miró y se miró a él mismo. Comparo. Él sólo se había manchado un poco la mano y los zapatos. Ella sí se llevó la peor parte. El polo blanco y el pantalón claro que llevaba habían sido atacados por una enorme macha de café a la altura del pecho y salpicones como rayos en el pantalón. Se dio cuenta que había hecho mal. Que le había levantado la voz como desquitándose del enojo que había acumulado.
• Discúlpame, no fue mi intención... no debí levantar la voz.
La señorita lo miraba muy seria, con un poco de rabia. Él le alcanzó unas servilletas que tenía cerca y trató de señalar lo positivo de la situación: - Bueno, debemos dar gracias de que el café no estaba caliente. Efectivamente, el tipo de bebida que había pedido no se servía muy caliente, más el tiempo que habían demorado en entregárselo había hecho que por lo menos el incidente no provocará alguna quemadura, pero la perjudicada no lo vio así.
• “Gracias”, te parece que debo dar gracias, ¡ah que bonito! Cómo supones que camine ¿así? Qué le digo a las personas con las que me voy a encontrar.
• Cálmate, no se ve tan mal, hasta puedes bromear y decir que acabas de salir de un concurso de camisetas mojadas- dijo sonriendo con la intención de que un chiste relajara el ambiente tenso. Pero ni su sonrisa encantadora o su sentido del humor le dieron resultado esta vez.
• ¿Qué? Hazte a un lado- casi empujándolo salió del local hecha una furia.
• Yo... no quise decir – balbuceó Jaime, pero era tarde, ella ya había salido. – Sólo a mí se me ocurre decirle lo de las camisetas mojadas ¡Qué torpe! La baño con café, le grito y después le salgo con cada cosa peor que la otra.
Salió apresurado y logró ver que entraba a un baño cercano. Se dirigió para allá y tuvo una idea para reivindicarse.
SEGUNDO CAPITULO
A unos pocos pasos había un restaurante/bar muy conocido, confortante de una cadena internacional, que inclusive vendía a los interesados que podían pagarlo, souveniers con el logo del local. Sin quitar los ojos del baño del costado, para así vigilar que no se le escape la joven, se dirigió al encargado del restaurante/bar:
• Quiero un polo.
• Sí claro señor, de los cortos arriba del ombligo para chicas o de los unisex ¿qué son más largos? ¿Y, de qué color? Hay amarillos y rojos.
• No, nada de cortitos, después de lo que le dije sería peor, no... Que sea largo, así puede taparse el pantalón y... cualquier color... No, espera, mejor rojo, creó que el rojo les gusta más a las mujeres.
El encargado no entendió bien, pero igual sonrió por las explicaciones de Jaime, puso el polo en una bolsa, le cobró y se lo entregó.
• Este es el café más caro y complicado que no he llegado a tomar- dijo Jaime al salir del local, ante la mirada extrañada del encargado que lo había atendido, quién terminó de convencerse de que se trataba de todo un personaje un poco loco.
• Se dirigió a la puerta del baño de mujeres. Era un baño grande con capacidad para varias personas y una puerta general maciza cerrada. Tocó con la manó y llamó:
• Señorita- no obtuvo respuesta.
• Señorita- intentó con más fuerza, pero nada. - Adentro debe haber muchas mujeres y yo llamando “señorita” pero que me queda, si le digo “señorita con la mancha del café” a lo mejor se enoja más.
Se abrió la puerta. Salió una mujer. No era la que él buscaba, pero con la puerta abierta vio que adentro no había nadie, salvo en el fondo una vestida de blanco tratando de secar con el secador automático de manos el polo que traía puesto. Se arriesgó a entrar y caminó hacia ella, le toco el hombro porque era imposible que lo pudiera escuchar con el ruido del secador. Volteó, lo miró y todavía molesta le dijo:
• Tú, ¿qué haces aquí?
• Déjame explicarte, no he querido ser grosero contigo aunque no te parezca. Quiero ayudarte, por eso te he traído esto- mientras sacaba de la bolsa la prenda roja.
• Bueno al fin tuviste una buena idea – cogió el polo y entró a uno de los cubiles a ponérselo.
Jaime se dio cuenta que difícilmente iba a recibir las gracias y como ya no tenía mas que decir empezó a encaminarse a la puerta, pero se detuvo al escuchar que le hablaban.
• Puedes poner este otro polo en la bolsa ¿que traes?- le pregunto aún con la puerta cerrada.
Él notó alegre que el tono de la joven ya había cambiado a uno más cordial. Se acercó, tomo el polo y lo guardaba cuando entró al baño una señora ya mayor con sus dos nietas preadolescentes.
• ¿Qué hace usted aquí? ¡No sabe que es un baño de mujeres! - Le gritó indignada la señora.
• Sí señora, yo ya me iba.
• Ah seguro que es uno de esos enfermos que se esconden para ver a las chicas- le reprochaba la señora apuntándolo con su bastón.
Llegaron cinco mujeres más, todas con el uniforme de una de las tiendas del centro comercial que salían a su refrigerio, casi al coro preguntaron:
• ¿Qué pasa señora?
• Que este tipo es un degenerado que se mete al baño para mirar a las ¡mujeres!
Ni bien terminó su explicación, todas se abalanzaron hacia Jaime, con intenciones de golpearlo, pues supusieron que el hombre que tenían delante había intentado atacar a las dos casi niñas que acompañaban a la señora.
La joven, ahora de rojo, salió del baño en su defensa:
• ¡Esperen, él viene conmigo!
Pero como más sabe el diablo por viejo que por diablo, o por lo menos cree saberlo, la señora se adelantó y los juzgó:
• Ah, sinvergüenzas, cochinos, ¡por qué no se van a otro lado! Jaime sorprendidísimo por toda esa situación, pero conciente de que no se venía nada bueno, tomo a la joven de la mano y protegiéndola con su cuerpo la sacó lo más rápido que pudo, claro sin evitar que a él le cayera uno que otro carterazo, manazo y hasta un arañazo en el brazo. Ya afuera se echaron a correr aún tomados de la mano y casi tropiezan con un vigilante de seguridad del centro comercial que justamente se dirigía al baño al escuchar tanta bulla.
• Señoras ¿que ha sucedido?- pregunto el vigilante
• Pues que hemos encontrado a un sinvergüenza oculto en el baño de mujeres, quien sabe con que intenciones.
• Además estaba con una mujer que lo secunda en sus cochinadas. Tiene que hacer algo.
• Sí no es posible que en este centro comercial estén pasando este tipo de cosas.
• Inmediatamente voy a dar alerta para que los detengan señoras- Encendió su radio para hablar a sus demás compañeros: - Alerta, pareja encontrada en el baño de mujeres # 2 en actitud sospechosa, aparentemente en actos de faltas a la moral. El mide 1.90, ella como 1.65, ambos vestidos sport.
• ¿Alguna característica para identificarlos?- interrogó la voz a través de la radio.
• Sí, ella lleva un polo largo color ROJO INTENSO. Se dirigen al ala derecha.
TERCER CAPITULO
Jaime y su cómplice habían corrido hasta llegar a la puerta de una tienda grande, parándose casi detrás de otro vigilante, logrando así escuchar su descripción por el radio.
• Mira el lío en que nos has metido- susurrando, pero haciendo notar que estaba muy molesta con toda la situación. – Y encima se te ocurre darme un polo rojo como luz de neón.
• Tranquila, no te preocupes. Mira, salimos por esta otra puerta y llegamos al estacionamiento, nos subimos a mi carro y salimos de una vez de este centro comercial. A mí tampoco me gusta esta situación, lo peor, no me conviene el escándalo en estos momentos-. Jaime se refería sobre todo al lanzamiento de su primer disco en fecha cercana. Si bien sabía que todo era un mal entendido y que tenía los medios para solucionarlo le preocupaba que se armara un escándalo mayor, lo reconocieran y se infiltrara en los medios de comunicación arruinando su proyecto musical. Todo por lo que se había esforzado se podía perder por una tontería.
• Salieron cautelosamente de la tienda, aún tomados de la mano. A ella no le molestaba por el contrario pensaba: - Es un hombre muy atractivo, si bien al principio actuó como un idiota, ha tratado de arreglarlo y hasta me ha protegido, si no hubiese sido por él ya estaría toda golpeada en el baño- sonrió –pobre a él si le alcanzaron los golpes. Mientras se dirigían al estacionamiento cual Bonnie y Clyde en fuga, Jaime noto que ella sonreía: - Que hermosa sonrisa tiene, sí, está simpática debo admitir y vaya que es de carácter, si no estuviéramos en esta situación pues... Concéntrate hombre, ¡concéntrate! Tienes que salir bien librado de este lío- se decía a sí mismo. Llegaron al estacionamiento, subieron al auto, él había colocado la llave en el contacto ya para arrancar pero ella lo detuvo:
• Espera
• ¿Qué pasa?
• Voy a quitarme este polo y a ponerme el manchado. No vaya a ser que nos reconozcan en la salida.
• ¿Te vas a poner el polo blanco?
• Dirás el café después de tu obra de arte... Me pongo la parte manchada hacia la espalda, total ya debe estar seco.
• Estará seco pero todavía meloso, se va a manchar el asiento de mi auto
• Su auto era uno de lujo e impecable, que mantenía siempre con mucho cuidado, como la mayoría de hombres que adoran sus carros.
• ¿Tu asiento? ¡Te importa tu asiento! ¿Te das cuenta en que problema estamos?
• ¡Ya, está bien ponte el polo! – con tono molesto dijo Jaime bajándose del auto.
• ¿Y ahora adónde vas?
• ¿Cómo a dónde? ¡No dices que te vas a cambiar! Trato de darte privacidad.
• Mejor quédate.
A Jaime le extraño un poco la invitación, pero no iba a declinarla. Se subió al asiento del conductor nuevamente y le sonrió de una manera coqueta, pero en el fondo de broma. Ella sonrojada explicó:
• Te quedas, pero volteado, así con lo grandote que estás me tapas para que nadie me vea. Él se volteó, muy divertido con la situación. A pesar del carácter que tenía y de lo gruñona que era, la había puesto nerviosa y esto le causaba gracia. El flash de una cámara los interrumpió.
• Y ¿eso?
• Un paparazzi, seguro – contestó Jaime. Ahora sí lo que estaba tratando de evitar se convertía en realidad. – ¡Cómo va a afectar esto el lanzamiento de mi disco!
CUARTO CAPITULO
Pero no, no se trataba de la cámara profesional de un paparazzi, era más bien una más rudimentaria, de aquellas que revelan la foto inmediatamente. Pertenecía a un guardia de seguridad que la usaba con el objeto de tener pruebas en casos de robos o conductas deshonrosas. Se acercó a ellos para informales la situación.
• Señores van a tener que esperar aquí. Su conducta es inapropiada para un lugar público como este centro comercial. – les dijo sosteniendo entre sus dedos la foto aún negra. – voy a comunicar a la central quienes procederán con las autoridades del caso a sentar una denuncia por faltas a la moral y las buenas costumbres. La pareja se miró preocupada comprendiendo la situación. Un hombre y una mujer dentro de un auto en un estacionamiento público, con una foto de ella quitándose el polo, mas el incidente en el baño, esto iba a ser un escándalo tremendo.
• Señor, señor por favor no es lo que cree. ¿Acaso tenemos cara de ese tipo de gente?
• Bueno señorita usted talvez no, pero el señor... pues...
• ¡Qué cosa! – con indignación acotó Jaime. – Esta sugiriendo que yo...
Ella lo interrumpió para calmarlo:
• Cálmate, no vayas a agravar las cosas, haz algo para solucionarlo no para empeorarlo.
Jaime respiró hondo aún molesto por la insinuación del vigilante, se llevó la mano a la billetera para sacar dinero. No era algo que le gustaba hacer, pero no tenía otra solución, tenía que ponerle fin a la situación antes que ocurriera lo que él temía. Le extendió la mano con el billete doblado en ella.
• Mire por esta vez porque no nos olvidamos del asunto, ¿le parece?
• No señor. Yo no acepto esa clase de “soluciones”
• Ah que bien la hiciste, ya complicaste más las cosas
Jaime abrió los ojos en actitud de sorpresa:- si tienes una idea mejor, adelante, úsala. Ella bajó del auto, corrió hacia el vigilante, quien estaba viendo en la luz la fotografía. Al parecer no sabía nada de la confusión del baño o nos los había reconocido.
• Por favor no llame a nadie. La situación no es la que parece. Yo me estaba cambiando el polo porque estaba manchado. Volteó para enseñarle la mancha en la espalda de su polo y hacer más creíble su relato, pero se dio cuenta por la actitud inmutable del vigilante que no estaba consiguiendo mucho. Cambió de táctica:
• Además nosotros somos hermanos, por eso el me tapaba en el carro con su espalda.
• Discúlpeme señorita pero ustedes dos no se parecen.
• Es que somos medios hermanos de padre. Justamente nos dirigimos a verlo. Verá, él se ha casado dos veces, de su primer matrimonio es este – señalando a Jaime- su primer hijo, pero se le cayó de chiquito y salió así. Y ya con la experiencia, tuvo más cuidado conmigo. Ya es un hombre mayor, cumple 62 años justo hoy, es muy bueno pero sufre del corazón ¿cómo va a tomar la noticia de que sus 2 hijos fueron acusados de esto? Por favor compadézcase ¿si?- terminó diciendo siempre en un tono muy suave y dulce, usando el poder de convencimiento femenino que casi siempre da buenos resultados.
El hombre miro la foto, miró a la joven y sonrió:
• Está bien, pueden irse.
Ella agradeció muchas veces, casi saltando de alegría, corrió al carro, este arrancó y avanzaron un poco.
• Aguarda
• ¿Y ahora que? Hay que aprovechas para salir lo más rápido
• Es que él todavía tiene mi foto, que vergüenza cómo se me verá en esa foto.
• Ay, ¡ya! Yo voy por ella, que tanto por una ¡foto! – Detuvo el auto, sin apagarlo del todo, retrocedió hacia el vigilante.
Ella podía verlos por el espejo retrovisor. Observó como Jaime recibió la foto, la miró y la guardó en su bolsillo mientras regresaba al auto.
• ¿Me das mi foto?
• ¿Qué foto? Le contestó sonriendo
• ¡DAME MI FOTO!
• Por dios, que mujer tan renegona eres, toma tu foto, ni que hubieras salido tan bien – contestó alcanzándole la foto con una mano, mientras manejaba con la otra.
• ¡Pero en esta foto no se nota nada!
• JA, sí. ¿Tú creías que nos dejó ir porque le hablaste bonito y le inventaste todo ese cuento?. No, nos dejó ir porque no tenía como probar lo que había visto.
• Bueno, yo pensé que sí. Y para aclarar tuve que mentir, no es que me agrade hacerlo.
• Como sea, aquí tuvimos suerte, ojalá nos vaya bien también en la puerta de salida.
QUINTO CAPITULO
Llegaron a la puerta de salida que cruzaron con temor de ser reconocidos, pero no los detuvieron, pues la suerte ya se había puesto de su lado, talvez desde el momento en que se conocieron.
• UF, al fin se acabó tanta confusión. ¡Qué alivio! Pero lo que no entiendo es ¿cómo te puedes meter en tantos líos?- preguntó Jaime
• ¿Yo? Eres tú el que me ha arrastrado de una confusión a otra.
• A mira pues, yo seré el que te recomendó hacer strip tease en mi carro, con la carita de inocente que tienes, JA.
Ya no aguantaron la risa de tantos reclamos falsos y situaciones que ahora les parecían comiquísimas. Se carcajearon por un rato, y en medio de la risa ella colocó su mano en el hombro de él. Él volteó a verla. Pararon de reírse para darle paso a una sonrisa de complicidad. Ella se apenó un poco, retiró su mano y reaccionó:
• Detén el carro por favor
• ¡No! ¿Y ahora?
• No, nada, es sólo que me bajo ¡aquí!
• ¿Aquí? En medio de la autopista. Ni siquiera un taxi va a parar a recogerte en varias cuadras.
• Camino, no hay problema por eso
• Pero yo te puedo llevar a donde vayas
• No, es que....
• ¿Cuál es el problema?, a ver, porque cambiaste de actitud si íbamos bien
• Sí pero me acabo de dar cuenta que yo no te conozco, no puedo seguir en tu auto.
• JA, JA. ¿Hay a ver cómo está eso?
• No te reías de mí, con lo peligrosa que es la ciudad hay que cuidarse
• No si no me rió de ti, me rió contigo. ¿Ya esta bien no me burlo más, pero cómo que no me conoces? Acabamos de pasar no se cuantas cosas juntos, hasta me han golpeado por protegerte. Además si yo fuera alguien del que pudieras sospechar, ¿no crees que ya hubiese hecho algo malo? Digo, aparte de lo del café, claro. ¿Acaso tengo cara de ser una mala persona?
• Te recuerdo lo que nos dijo el vigilante en el estacionamiento de tu ¿cara?- Aunque por dentro ella reconocía que él tenía un rostro cautivante y que sus ojos y sonrisa eran instrumentos que desarmaban a cualquier mujer.
• Ni me recuerdes lo que dijo ese tipo que me vuelve la rabia. Mira, ya está -y le extiende la mano en forma de saludo- mi nombre es Jaime Camil, soy cantante y este es mi documento de identificación si es que te quedan dudas- abriendo su billetera para alcanzarle el documento, dejando al descubierto que guardaba una foto de un hombre que se le parecía físicamente pero de más edad y una mujer rubia, muy guapa también mayor, ambos abrazándolo a él.
Dedujo que eran sus padres:- un hombre que guarda una foto de sus padres en su billetera, no puede ser malo y en todo lo que me ha dicho tiene razón- recapacitó interiormente.
• Esta bien, me convenciste. Gracias por llevarme y también por haberme ayudado en el baño.
• OK, al fin un “gracias”. Pero, mira yo ya te dije quien soy, pero tú a mí no. Sé que eres una mujer de carácter, muy guapa....
• ¿Crees que soy guapa?
Ante la interrupción de la joven él sólo sonrió, sabía el efecto que causaba en el sexo opuesto ese cumplido, continuó: - Y también muy gruñona y algo exhibicionista, pero no sé tu nombre
• ¿Gruñona yo? Qué querías después de todo lo que pasamos.
• Ya vez, ahí vas otra vez con el gruñido. Si cuando sonríes te ves muy hermosa. ¿Anda dime cuál es tu nombre?
• OK, mi nombre es...
EPÍLOGO
• Tienes un bonito nombre.
• Mérito de mis papás que lo escogieron
• Mérito tuyo por llenarlo de bello significado
Ella calló, pues no sabía que responder ante semejante cumplido, que se hacía más importante al salir de los labios de él. Entre colores que le subían al rostro, momentos después, le dijo:
• Y ¿qué clase de canciones cantas?
• Unas con melodía y letra, JA, JA ¿qué raras no?
• Ya pues, me refería a qué...
• Sí sé a que te referías. Voy a poner una de las canciones para que la escuches, es de mis favoritas…
Y así con “Nunca dejarte ir” de fondo, entre versos de: “POR ESE MISTERIO DE TUS OJOS / SIN MIEDO YO TE DARIA TODO / QUISIERA QUEDARME EN TU CUERPO / SABER TODOS TUS SECRETOS / LLEVARTE HASTA EL MUNDO DE MIS SUEÑOS”, continuaron su camino. Después de todo éste sí había sido el día de ambos, porque ella había entrado a la vida de él y él a la de ella, porque se habían divertido, y sí también porque habían tenido dificultades. En buena cuenta porque habían vivido, siendo que la vida es de altas y bajas pero siempre, de algún modo, la balanza se logra equilibrar. Pero y ella, ¿quién era ella? Ante los ojos de Jaime, ella era una mujer con bella sonrisa, de carácter y con bonito nombre. Una joven sencilla pero que destacaba…
La joven de este relato es cada una de ustedes que quisieran conocerlo o que quisiera vivir alguna travesura a su lado, sólo tiene que usar su imaginación y colocarse en ese lugar.